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San Agustín: entre los cerros y las orquídeas

Es temprano, se escuchan los pasos de personas subiendo al autobús. Somos 50 estudiantes de turismo listos para partir hacia San Agustín. Arranca el vehículo y nos vamos.

Después de dos horas y media de recorrido, de pasar por pequeños pueblos y serpentear por carreteras angostas, llegamos a nuestro destino: Salvador Alvarado, ubicado en el municipio de Tekax, Yucatán, bautizado como San Agustín por sus habitantes; nombre que le pusieron a su ejido por el patrono de su natal Tekantó. Al llegar se confirma lo que muchos temían: no hay señal telefónica, sin embargo la angustia no duraría mucho, ya que Miguel “Mike” gestiona las claves de internet satelital que hay en la casa ejidal, para no permanecer incomunicados.

Tour comunitario San Agustín

En la cooperativa Audomaro nos recibe cálidamente, para que enseguida pasemos a armar nuestro campamento. Las mujeres tienen lugar preferencial bajo las palapas, me pregunto si eso está bien o no.

En el centro de la comunidad, Audomaro nos explica con emoción la historia de su ejido y de la comunidad. San Agustín es una comunidad rodeada de cerros en el corazón de la región del Puuc, y que apenas cuenta con 150 habitantes. Su ejido se dedica al aprovechamiento forestal sustentable y últimamente han incursionado en el mercado turistero: ofreciendo un tour comunitario y un recorrido por un sendero de aventura.

Después de la plática, las cocineras de la cooperativa fueron las más aclamadas por el grupo, luego de ofrecernos un rico pollo pibil en el restaurante del lugar. Por la tarde hicimos el tour comunitario. En su casa, un señor de la comunidad nos mostró su jardín lleno de plantas medicinales, listas para curar cualquier mal. Las ciruelas de sus árboles también fueron sujetas a degustación.

Posteriormente visitamos el aserradero, donde nos mostraron parte de su producción de madera y carbón, justo al lado se encuentra la carpintería, en donde detallan la madera y le dan valor agregado. Llegamos al centro de la comunidad, ahí se reúnen un grupo de mujeres a urdir hamacas, me contaron que el chisme se pone bueno. De ahí no me olvido de doña Tomasita, una abuelita que irradiaba una alegría que se contagiaba como epidemia.

Por último, visitamos el taller de bordado. Me llamó la atención los trajes de apicultores, usados por algunos de los habitantes que trabajan la miel. Nuestros planes de “reconectarnos al mundo” se vieron frustrados por una inesperada lluvia, que se volvería nuestro tormento, ya que debido a eso, nuestras casas de campaña se inundaron.

Recorrido por las grutas

Después de una noche húmeda nos alistamos para tomar camino rumbo hacia las grutas de Loltún, una impresionante formación subterránea ubicada a 40 minutos de San Agustín. Los recorridos son programados y con guía obligatoriamente, de un kilómetro durante dos horas aproximadamente.

En estas grutas se han encontrado evidencias de asentamientos humanos de hasta 7,000 años de antigüedad e incluso se pueden observar pinturas rupestres. Este lugar me dejó verdaderamente impresionado, las fotos no hacen justicia a la experiencia de estar dentro de ellas.

Por la tarde, Audomaro nos mostró las ecotecnias que emplean en la cooperativa: tienen paneles solares, una trampa de grasa, un humedal artificial y un huerto orgánico en donde plantan algunas especies de la región como el chile habanero y el achiote. ¡También tienen una estufa ahorradora de leña en donde hacen las tortillas a mano más ricas! Por la noche afortunadamente la lluvia no hizo acto de presencia, por lo que pudimos encender una fogata en el área de acampado.

Sendero de aventura

En el tercer y último día disfrutamos de un rico desayuno y realizamos el segundo producto estrella de la cooperativa: el recorrido por un sendero de aventura. Del grupo, solo 20 valientes estudiantes decidieron subir el nivel: realizarían el recorrido en bicicleta, el resto del grupo lo hicimos a pie.

El recorrido fue de aproximadamente dos kilómetros, en donde pudimos observar muchas orquídeas silvestres, árboles chaká y una bonita sarteneja en medio del monte. La calurosa caminata valió la pena: llegamos a una impresionante cueva:  Aktún Chen Kú, su entrada tiene aproximadamente 15 metros de alto por 10 de ancho y normalmente no se puede entrar, pero esta vez hicieron una excepción.

En la cueva nos dieron un recorrido de sus primeros veinte metros, ya que después la cosa se pone más extrema. Al estar dentro de la cueva vivimos una experiencia única: apagamos todas las luces y presenciamos el silencio y la oscuridad total, fue una sensación de paz y angustia al mismo tiempo.

Al regresar a San Agustín, los ciclistas ya no se veían tan confiados, tuvimos que recoger a algunos en el camino y subirlos al autobús. Nuestra visita había llegado a su fin: era hora de recoger el campamento. De regreso y para finalizar, disfrutamos de un delicioso relleno negro y nos despedimos de nuestros anfitriones. Después de casi 2 horas y media regresamos a nuestra vida citadina.

En nuestra aventura de 3 días y 2 noches en San Agustín nos desconectamos de nuestra realidad cotidiana y nos conectamos a otra, la de una comunidad remota en el sur de Yucatán, en la que sus habitantes a pesar de no tener un gran acervo de bienes materiales, poseen una gran riqueza cultural y natural que han aprovechado sustentablemente para mejorar su calidad de vida. Su apuesta por el turismo ofrece un producto comunitario, local y auténtico, en el que las experiencias únicas prevalecen.

Escrito por: Jan Martín Müller

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